¿Qué pasó que nos volvimos tan correctos?
Como ya lo expresé en una entrada anterior, creo que se está perdiendo la dimensión de las cosas al querer ser políticamente correcto y ya me tiene podrido el tema.
No sólo se está perdiendo la diversión, sino que se está perdiendo la apreciación de lo que “supuestamente” es ser políticamente correcto, hoy cualquiera se ofende por cualquier cosa y peor aún te acusan de ser insultante, agresivo, racista, discriminante y cualquier otro adjetivo que los haga sentir víctimas dignas de apoyo grupal.
Sirva como ejemplo ilustrativo: Estando en una reunión con los amigos, se acaban los refrescos y alguien pregunta “¿Quién va por los refrescos?”, alguien contesta “que vaya el más pendejo”, de la nada se levanta realmente molesto un tipo y grita: “¿Y yo porqué?”.
Y es que nadie tiene el poder de ofenderte si no se lo permites. Muchas de las cosas incorrectamente políticas que ofenden, es por que alguien decidió tomar un comentario y colgárselo para hacerse los sufridos. Si, hay quien vive y actúa desde una postura de víctima, incluso hay quienes hacen dinero de eso.
Y ya lo aclaré, pero va de nuevo: Hay una diferencia entre hacer un chiste y tratar de ofender con ese chiste, entre ser jocosito y ser un verdadero imbécil.
En general el mexicano hace chistes de todo, en el temblor del 85 estuvo buena esa movida, en el incendio de San Juanico el reventón estuvo bien prendido, con la Influenza Porcina (que después aclararon que era AH1N1), culparon al entonces Secretario de Hacienda Agustín Carstens… y bueno, los ejemplos siguen y siguen.
Pero ahora en pleno 2010, donde muchos auto proclamados activistas, piden a gritos respeto a la libre expresión y demás temas que suenan lindos, se ofenden porque con las lluvias en Monterrey se hace Sopa de Codito.
Hay personas capaces de chocar sus autos contra la camioneta de la perrera municipal para salvar un perro, pero les da miedo bajar el vidrio para darle una moneda a un niño de la calle… perdón, “infante en situación de calle”.
Si se trata de un funcionario público está bien burlarse y hacer comentarios discriminantes acerca de su gordura… de nuevo, perdón “obesidad”. Pero no debemos hablar mal de la jauría de perros en Chapultepec, que son una plaga, porque hay asociaciones encargadas de defender a los “pobrecitos” perros.
Y es que siento que hay personas capaces de defender a un Gato Monsiváis, pero incapaces de donar un peso al Teletón.
Ejemplos hay muchos más, pero me quedan un par de dudas:
¿Es necesaria la solemnidad para ser políticamente correcto?
¿Qué pasó que nos volvimos tan correctos?